El texto a continuación es obra de don Julio Estrada
Icaza,
historiador guayaquileño, en su libro "El Puerto de Guayaquil 2 – Crónica
Portuaria".
"Don Martín de Ycaza, mereció una distinción
particular cuando, con motivo del anunciado matrimonio del Príncipe de
Asturias, se decidió conceder cuatro títulos de nobleza para otros tantos
conspicuos personajes del virreinato peruano. El Muy Ilustre Cabildo de
Guayaquil, reunido para el efecto el 28 de enero de 1808, recomendó que "don
Martín de Ycaza sea propuesto con especialidad y en primer lugar por reunir las
condiciones expresadas con las de buen patriota, caritativo, juicioso y rico
poderosamente con caudal efectivo, con la hacienda Santa Rita y otras que le
rentan considerables miles...". Ni que decir que el trámite
correspondiente fue interrumpido por la lucha por la independencia americana.
Ello es secundario; lo importante fue que del aprecio que don Martín había
conquistado quedó constancia en actas del Cabildo. Y lo que nos interesa por lo
pronto es que bien mereció esta distinción fuese por hacendado que era además
fuerte exportador de cacao y, por añadidura, armador de barcos - todas tres, típicas
actividades guayaquileñas.
Nacido en Panamá, en 1756, don Martín había llegado
a este puerto en 1775, acompañado de tres hermanos. Ya se encontraba
radicado aquí otro hermano, el Dr. José Gabriel de Ycaza. Los Ycaza ejercieron
el comercio con inusitada dedicación y gran iniciativa. En 1780 pasaron dos de
ellos, Martín e Isidro, a México; el segundo se quedó radicado allá y don
Martín regresó ese mismo año a Guayaquil, donde a poco de llegado casó (en
octubre 16) con doña María Rosa de Silva y Olave.
Con la clásica fórmula del comercio familiar internacional,
los hermanos Ycaza, Isidro en México y Martín en Guayaquil, intensificaron el
negocio de cacao entre las dos colonias armando para el efecto la 'Guadalupe'
En 1791, seguramente por influencia de don Martín, los vecinos propietarios de
huertas de cacao le confirieron a don Isidro poder para representar sus
intereses en México.
La fragata Guadalupe estuvo un tiempo a cargo del
capitán José Vicente de Aguirre, avecindado en esta ciudad, donde se casó en
1801 y falleció en 1804. La Guadalupe trajo desde el Callao (en 1809) al cuñado de don Martín, el Chantre don José de Silva y Olave, electo diputado
del Perú y Vocal de la Junta General de España e Indias; y a su Secretario,
Justo Figuerola. Zarparon del Callao el 11 de octubre de aquel año; don José
de Silva venía a Guayaquil a despedirse de su familia. En diciembre, y según
parece, en la misma Guadalupe, continuó el Chantre viaje a Acapulco,
llevando en su comitiva a los doctores Francisco de Ycaza y Silva, su sobrino, y
José Joaquín de Olmedo, pariente cercano también, a quienes, conjuntamente
con el Dr. Figuerola, el Ayuntamiento porteño confirió poder general para
representarlo y promover sus causas y negocios en la metrópoli. Encontrándose
aún en México los delegados, se interrumpió su comisión al disolverse la
Junta General. Los mandatarios del Cabildo devolvieron su poder en agosto de
1810; el ex-diputado llegaba de regreso a Lima en setiembre del mismo año.
Al fallecimiento de don Isidro en 1808, sucedióle al frente
de la oficina mexicana, su hijo Mariano. Pocos años más tarde la sociedad de tío
y sobrino perdía 20.000 cargas de cacao almacenadas en Acapulco como
consecuencia del incendio de abril de 1814 con que Morelos destruyó esa plaza
por no poder resistir más a los españoles. Aún a los bajos precios que hoy
prevalecen (1970), esos 16.000 quintales representarían algo así como $10'000.000 (de
sucres). Para aquellos tiempos, para la pequeña Guayaquil de comienzos del
siglo XIX, aquella suma representaba una fortuna fabulosa.
Don Martín pudo continuar viviendo con relativa holgura
gracias a las haciendas que poseía, pero el golpe sufrido lo afectó mucho; optó
por retirarse de toda actividad pública. Conservó, hasta su muerte, sucedida en
1830, la estimación de la ciudadanía que admiraba en él una excepcional
entereza de espíritu y singulares cualidades morales.
Entre los descendientes de los hermanos Ycaza y Caparroso las
crónicas locales recogen noticias del capitán Miguel Ycaza, quien falleció en
acción de guerra contra naves españolas; don José María Ycaza, quien ingresó
a la Escuela Naútica en 1827; de Manuel y Juan Francisco, hijos de don Martín,
que integraron la empresa constructora del Guayas, de la cual trataremos
más adelante. La firma Ycaza, Sweetser y Cia. tenía, en la década 1830-40, la
mayor y más importante agencia de buques de alto bordo".
A más de lo indicado por don Julio Estrada Icaza, de los
hijos de don Martín de Icaza y Caparroso destacaron sus hijos Francisco de
Paula, Manuel José, José Ignacio y Juan Francisco de Icaza y Silva. Su hija
María Rosa fue esposa de José Joaquín de Olmedo, Cantor de Junín.
Don Francisco de Paula fue, durante muchos años y en diferentes épocas, Gobernador de la provincia
de Guayaquil, entre otros cargos de importancia en la administración pública. Fue también
administrador de la aduana de Guayaquil, un puesto muy delicado y que le fue
confiado por su probada honestidad. En algunas crónicas se dice que fue doctor
en derecho, pero nosotros no hemos podido comprobar esto documentadamente.
Don Manuel fue el encargado de la parte comercial de la familia y, por las
conexiones comerciales y familiares con el Perú, fue también encargado de negocios de ese
país en Guayaquil, habiendo contribuido
durante su ejercicio de ese cargo, a mantener la paz y cordialidad entre los dos
países. En 1840 don Manuel viajó a Londres para arreglar problemas que habían
en la cobranza de cargas de cacao, que excedían los cien mil pesos, lo que
había sido un nuevo golpe para la economía de la familia en conjunto. Cien mil pesos en
esa época era muchísimo dinero.
José Ignacio fue doctor en derecho y abogado en ejercicio. Durante un
tiempo fue miembro de la corte superior de Guayaquil y su presidente
accidental en 1841. Debe haber tenido dotes de diplomático, pues pudo
mantener un grado de cordialidad con el gobernador Vicente Rocafuerte en
un momento en que el poder del Gobernador estaba enfrentado al de la Corte
Superior de Justicia por razón de la incautación y destrucción de
moneda falsa que afectaba severamente las actividades comerciales de
Guayaquil y del País.
Don Juan Francisco ocupó cargos municipales y en el consulado de comercio en
Guayaquil. En este último cargo fue factor en la defensa de los intereses
comerciales del puerto y de sus comerciantes. También mantuvo actividades
relacionadas con los negocios familiares.
Todos ellos tienen numerosa descendencia que se ha diseminado por muchos países
y que tratamos de rescatar en este sitio Web.Un nieto de don Martín, hijo de Francisco de Paula, don
Francisco Pablo de
Icaza Paredes, figuró también prominentemente en la política y filantropía
guayaquileña. Fue Gobernador de la provincia de Guayaquil, como su padre, y
ministro de estado, entre otros cargos. Fue, en su tiempo, uno de los Icaza más
prominentes.
En tiempos más recientes, integrantes de la familia se han destacado en el
campo del servicio público. Como cortos ejemplos:
Don Octavio Gerardo de Icaza y García fue ministro de defensa en 1924.
Don Isidro de Icaza Plaza fue embajador del Ecuador en
Venezuela.
Los Icaza también han destacado en la
ciencia y como el mejor ejemplo tenemos al Dr. Francisco de Icaza
Bustamante, eminente médico pediatra y profesor de generaciones de
médicos, en cuyo honor se nombró el hospital de niños de Guayaquil
regentado por el Ministerio de Salud.
Los descendientes de los Icaza que han prestado servicio público son tan
numerosos que tendríamos que abrir una página especial para enumerar sus
servicios a las comunidades en que vivieron y y en laa que aún viven. En la
página de Descendientes de Martín hay un interesante artículo sobre
algunos miembros consanguineos y afines de su prole.
Muchos de los descendientes de don Martín de Icaza Caparroso
continuan la
tradición familiar, siendo activos en la agricultura y el comercio.